
Eustáquio Andréa Patounas A los 11 de mayo de 1951, nací en una clínica particular de la plaza Omonia, en el centro de Atenas-Grecia, a la 15:45hs locales. Luego después de mi nacimiento en parto difícil y normal (nací con 6 kilos y algunos gramos), Dora, mi madre, despertó a la noche y al mirar para mi cuna, vio una linda mujer vestida con una túnica azul, con largos cabellos lisos y negros, y que me ninava y acariciaba.
Juzgando ser una enfermera de la clínica, aunque inconvenientemente vestida, volvió a dormir.
Por la mañana, cuando vinieron a servir el café, Dora preguntó por la linda enfermera que había estado en el cuarto.
La plantonista, que aún no había largado su turno, le dijo que no había más nadie además de ella, y que no había entrado en el cuarto durante la noche.
Dora insistió, describió la mujer, pero la enfermera sostuvo que nadie entró allá. Luego después del alta, fui llevado para casa.
Éramos muy abastados financieramente en aquella época y vivíamos en una gran casa dentro de un enorme terreno.
Mi cuarto daba para un jardín y mi cuna quedaba al lado de una de las ventanas. Cierta noche, mi tía Maria que vivía con nosotros despertó y se levantó para ir al banheiro.
Al pasar por nuestro cuarto, vio la misma mujer al lado de mi cuna, y al asustarse y preguntar quién era ella y lo que hacía allí, recibió silenciosamente un pedido de mantenerse callada.
Enseguida, la mujer desapareció! Días después de esta segunda aparição de la mujer, una enorme tempestad cayó sobre el local, con vientos fortíssimos, rayos y truenos.
En función de eso, la ventana junto la cual estaba mi cuna fue totalmente destrozada, teniendo los vidrios caído sobre mí juntamente con algunos pedazos de madera.
No tuve siquiera un arranhão!
Nunca se supo quién era esta mujer, si era de este o de otro plan, lo que hacía o lo que quería.
Sólo sé que al largo de mi vida en este plan terrestre, siempre fui agraciado por enorme protección, habiendo escapado de la muerte física por diversas veces y siempre salvo milagrosamente. Si existe alguna relación, no sé y ni sería bueno conjecturar.
Viví en Grecia hasta junio de 1954, cuando mi padre, entonces ejecutivo de una gran multinacional americana, resolvió venir a Brasil para cuidar del patrimonio que mi abuelo había dejado en Jacareí (SP) y otras ciudades.
Durante mis tres años de vida en Atenas, caí dentro de un pozo, un riacho, y superé más una serie de pequeños accidentes sin mayores consecuencias.
En julio de 1954, llegábamos al puerto de Santos (SP), venidos en un navío mixto argentino llamado “Salta”. Durante el viaje que llevó casi un mes, me distraje y caí en la piscina del navío, siendo salvo por un pasajero negro que se hubo encantado conmigo.
Fuimos vivir en una casa de campo de propiedad de mi padre, localizado en el municipio de Itaquaquecetuba, en la Grande São Paulo.
Teníamos una creación de galinas y el inmóvil quedaba a la márgenes del Río Tietê, en la ocasión un río vivo y muy piscoso.
Mis padres allí se establecieron y yo fui vivir con mis tíos en la capital paulista, pues habían me matriculado en el “Graded School”, una escuela americana donde se hablaba solamente inglés.
De los tres a los ocho años, yo sólo hablaba griego e inglés, y mi padre quería que yo me formara en la escuela en cuestión.
Acontece que en aquel entonces el diploma no era reconocido en Brasil, lo que hizo con que yo saliera y fuera para una escuela brasileña.
Tuve un correcto grado de dificultad para aprender la lengua portuguesa, pero todo caminó en la más perfecta orden.
Pasados algunos años, mis padres se cambiaron para la capital y nos instalamos en el barrio del Paraíso, a dos manzanas del “Graded School”, que posteriormente se cambiaría dando lugar a la UCBEU-Unión Cultural Brasil - Estados Unidos que allá está hasta hoy.
Para no perder el dominio de la tercera lengua, fui matriculado en la UCBEU y continué estudiando la lengua inglesa hasta los 14 años de edad, lo que me fue y es de grande valía, no como currículo, pero sí como una forma de comunicación con hermanos de otros países.
Cierta noche del año de 1961, yo, un niño con casi 10 años de edad, no me recuerdo porquê, salí por la cozinha de nuestra casa para ir hasta la edícula que quedaba en los fondos.
Al salir, ya era noche oscura y no muy tarde, sentí un calor venido por encima de mi cabeza.
Fui impelido a mirar para el alto, y deparei con una imagen inesquecível: un objeto arredondado, con diversas luces multicoloridas y parado sobre mi casa. Tenía el tamaño de una pizza gigante (no sé necesitar a que altitud él estaría pues mi edad no permitía estos cálculos), y las luces parpadeaban alternadamente.
Entusiasmado, volví para dentro de casa y llamé por mis padres para que vieran lo que yo estaba viendo. Salimos nuevamente para el patio y ellos pudieron testificar el bello objeto que allá continuaba parado. Llamamos nuestros vecinos que también quedaron observando, y a continuación fuimos todos para la calle para observar mejor.
El objeto permanecía girando sobre su propio eje y así permaneció por largo tiempo, hasta que comenzó a desplazarse lentamente rumbo al Parque del Ibirapuera.
Acompañábamos eufóricos este desplazamiento, cuando de repente, el objeto hizo tres o cuatro zigue-zagues en velocidad indescritível y desapareció como una flecha en el horizonte. En este momento, había por lo menos dos decenas de testigos que quedaron boquiabertas con el fenómeno que acababan de presenciar.
Este fue, a los 10 años, mi primero avistamento consciente de un objeto voador no identificado.
A partir de ese día entonces, nunca más paré de investigar sobre el acontecido y quedaba aquella impresión interior de que había algo de común y familiar en todo aquello.
Yo sabía que era un disco voador!
No sé como, pero aquello fue natural para mí.
Posteriormente, al largo de mi vida de adulto, acessei que mi experiencia y contactos con extraterrestres ya vienen de otras vidas.
En algunas de ellas, desde niño, yo me asustaba con la presencia de seres que venían a mi encuentro y me calmaban diciendo que yo no los temiera.
ES una especie de sentimiento familiar que pulsa en mi corazón, y un amor indescritível por palabras que también siento emanado por estos seres, sea allá quién sean.
Pasados algunos años, andando de bicicleta con un amigo en el Parque del Ibirapuera en São Paulo, final de tarde, he ahí que elevamos nuestros ojos y vemos dos objetos discóides, parecidos con dos pratos sobrepostos, pairando sobre una estatua de este parque.
Certificamo-nos de que no eran globos (sabíamos que no, pues éramos experts en hacer globos y soltarlos) y mi amigo se asustó con la escena y desandou en huir con la bicicleta.
En medio al pánico de él, yo también hice el mismo y no pudimos ver lo que aconteció después.
Este tiempo yo ya comenzaba a pedir a mi padre que recortara noticias donde se hablaba de extraterrestres, discos voadores y cosas del género. Asistía a todas las películas que hacían referencia al asunto repetidas veces.
Una obsessão por el tema comenzaba a tomar cuenta de mí y perdura hasta hoy.
En mi infancia y adolescência soñaba constantemente con discos voadores y extraterrestres. Los seres que aparecían en mis sueños eran iguales a los humanos.
Conversábamos futilidades y yo preguntaba sobre planetas, sus orígenes, sus costumbres, tiempo de viaje, sociedades, etc. Siempre me respondían gentilmente pero yo sentía que las respuestas eran según mi grado de compreensão de la época.
Sentía también que estos sueños (vamos a tratarlos así, como sueños), eran interrumpidos después de nuestras conversaciones, o sea, conversábamos sobre muchas cosas y después yo no me acordaba de más nada.
Cuando yo aún era muy joven, alrededor de 11 o 12 años de edad, apareció en mí una aversión indescritível por lagartixas.
Un horror inexplicável, no sé se era miedo, nojo, el cuerpo transparente o helado, o fuera allá lo que fuera. Donde había una lagartixa, allá estaba yo a metros de distancia, llegando la trancar-me en el banheiro o en el cuarto.
Investigué posteriormente con mis padres y parientes para verificar si durante mi infancia alguna cosa había ocurrido envolviendo este pequeño sáurio, tal como él caer sobre mi cuerpo, alguna brincadeira de malo me gusta, etc.
Ninguna respuesta que elucidasse esta aversión.
Un poco más tarde, ya alrededor de los 14 o 15 años, decenas de veces yo despertaba durante la noche con mi travesseiro empapado de sangre.
No me recuerdo de sueños envolviendo alguna abdução o alguno implante en esta época, y mi madre decía que estos sangramentos eran en el transcurso del fuerte sol en la cabeza.
Sólo que eso acontecía en días nublados, chuvosos también!
No era en función de insolação, ni de traumatismos u otros accidentes. Ocurría naturalmente, y curiosamente solamente a la noche, altas horas de la madrugada.
Yo era inexperiente en esta área de la Ufologia, y jamás podría siquiera conjecturar que algún extraterrestre estuviera enfiando algo en mis narinas.
Hasta hoy desconozco la verdadera razón de estos sangramentos que perduraram durante años.
Ni médicos constataron nada de irregular, a pesar de ninguno de ellos haber hecho o solicitado una radiografía de la región paranasal. Como yo tengo nariz grande, creo que si los “aliens” implantaban algo, deben haber tenido un enorme perjuicio, pues la materia prima de los eventuales implantes en mí daría para una decena de abduzidos con nariz normal... Éramos ortodoxos griegos, frecuentábamos nuestra iglesia de la coletividade helênica paulistana y paralelamente, mis padres y yo, abríamos nuestros horizontes para una visión más holística de la vida.
Mi padre, ingeniero agrônomo precoce (se formó con sólo 21 años de edad) se interesaba por la doctrina espírita, cosmologia, exobiologia y ciencias afins.
Jamás, en momento alguno, intentó dirigir o influenciar mi formación religiosa o futuro profesional. Teníamos una biblioteca muy rica en obras científicas, espíritas, espiritualistas y ufológicas.
Mi padre conoció personalmente Alberto San Martin, español que tuvo una experiencia con un ser extraterrestre louro y que recibió como presente una piedra conteniendo extrañas inscripciones, lo que dio origen a un libro llamado “La Piedra del Espacio”.
Creo haber sido esta la primera obra que leí acerca de extraterrestres. Entusiasmado con la historia pasada en España, guardaba mi mesada para comprar otros libros de Ufologia, los cuales yo devoraba tamaño era mi interés por el asunto.
Y así fue toda mi adolescência.
Poco aplicado a los estudios en el colegio (fui expulso de todas las escuelas en las cuales estudié, sin excepción), siempre asumí mi condición de estudioso de discos voadores y extraterrestres, haciendo centenares de vigilias solo y acompañado, recortando periódicos, sometiéndome a la gozações de amigos, preguntando para las personas si ya habían visto alguna cosa y colhendo testimonios increíbles y que jamás fueron publicados en lugar ninguno de este planeta. Todas las historias y hechos que yo oí en mi vida, yo siempre registré en la memoria, y puedo decir que se fueran escritos o transcritos, darían centenares de libros.
Pero esta era mi caminada.
Lo que yo oí y presenciei era para mí.
Si fuera para publicar yo lo habría hecho, pero también estaría haciendo lo que la mayoría hace: contar la historia de los otros, para otros. Mis amigos extraterrestres ya me dijeron que solamente podemos enseñar a los otros aquello que nosotros propios ya vivenciamos.
No adelanta contar o enseñar lo que usted no experienciou o aprendió en una experiencia personal, principalmente en el área de la evolución y transformación humana.
Yo había constituido un acervo muy grande sobre Ufologia y hacía mis estudios e investigaciones independientes.
Era una búsqueda personal. No participaba de grupos de estudios y me limitaba a absorber los conocimientos auto-adquiridos.
Ya en esta época, ortodoxia, espiritualismo, espiritismo y exobiologia se mezclaban en mi ser.
Mi sede de conocimiento excedia los dogmas o prejuicios.
Yo era un joven que además de las delicias que la edad proporcionaba, aliaba mi rebeldía a la frenética búsqueda de algo que estaba enraizado en mi ser.
Me recuerdo cómo se fuera hoy, cuando descubrí que existía una entidad que estudiaba Ufologia. Se llamaba APEX – Asociación de Investigaciones Exológicas, y estaba instalada en una agradable y espaçosa casa en el barrio de la Lapa en São Paulo.
Presidida por el Dr. Max Berezowsky, médico, fue con una emoción y alegría indescritíveis que comencé a frecuentar las reuniones a los sábados. Dr. Max era un estudioso que confesaba nunca haber visto nada a pesar de las constantes vigilias, además de estudiar experimentos con plantas (medía la sensibilidad de ellas). El grupo era formado por mucha gente capacitada, idônea y competente, equipado con filmadora, binóculos y una gana ferrenha de investigación del fenómeno.
Las paredes de la APEX eran repletas de cuadros referentes a discos voadores, y las reuniones transcurrían animadamente en las tardes de sábado.
No me recuerdo por cuánto tiempo duró esta alegría, pero las dificultades financieras de la época hicieron con que tuviéramos que dejar aquel inmóvil, lo que ocasionó posteriormente la extinción de la APEX, por lo menos en nivel de asociados.
A través de esta inesquecível entidad, pude participar del Congreso promovido en el Teatro Cultura Artística en São Paulo, el año de 1979, donde tuve la gran honra de conocer, convivir y conversar con los saudosos General Uchôa y Joseph Allen Hynek, además de otras expresiones de la época como el Prof. Flávio Augusto Pereira.
Fue un evento inesquecível que antecedeu al Congreso Internacional de Brasilia. A partir de ahí comencé a mantener contacto con otros investigadores, intercambiando conocimientos y experiencias, pero aún a nivel muy reservado.
La frustração por la extinción de la APEX aún meneaba mucho conmigo. Los fenómenos ufológicos continuaban presentes en mi vida.
En cierta ocasión, un objeto acompañó por más de dos horas el autobús en el cual yo viajaba entre Curitiba y São Paulo.
Solo en una de las poltronas, yo lloraba quieto debido a un insoportable dolor de diente. Intentando distraerme, ya que no conseguía dormir, comencé a notar un objeto en el horizonte que parecía en los acompañar.
No era reflexo de las luces internas del autobús y ni farol de automóvil, ya que en esta época yo tenía conocimiento para discernir y diferenciar fenómenos artificiales y naturales. Sin más opciones para minimizar el terrible dolor que me acometía, mentalmente me dirigí al objeto y pensé: “si es aún un disco voador, que me proviene haciendo con que pase mi dolor de diente”.
Coincidencia, fuerza mental, extraterrestres, imaginação o sea allá lo que fue, mis dolores cesaron, conseguí adormecer y completé el viaje de forma agradable.
Pasé 34 años de militância en la Ufologia en completo ostracismo. No escribía para revistas, periódicos o similares y buscaba entender, aprender e investigar solo.
Durante toda mi juventud yo fui impelido a escribir.
Frases comenzaban a martillar mi cabeza, y aunque yo me esforzara para que la continuidad fuera dada, nada ocurría hasta que yo me sentara en algún lugar tranquilo y comenzara a escribir aquellas “palabras sin sonido”.
Era así que yo era avisado cuando tenía que escribir algo.
La primera frase era repetida centenares de veces, casi dejándome loco, hasta que yo comenzara a escribir.
Así que yo iniciaba este proceso, los mensajes venían en su íntegra, y yo me emocionaba, a veces lloraba y no creía que yo las había escrito. En otro capítulo, iremos a abordar esa cuestión de los mensajes.
Y esta contumácia se extiende hasta los días de hoy, en un frecuente contacto con otros orbes o planos dimensionais, no cuando yo así el deseo, pero sí cuando “ellos”